Resolve to Save Lives

Cómo El Salvador actuó con rapidez para contener un brote de malaria

Utilizando el objetivo 7-1-7, las autoridades de salud pública de El Salvador lograron frenar la propagación de casos importados de malaria y preservar el estatus libre de malaria del país.

Sobre la malaria

La malaria es una enfermedad transmitida por mosquitos infectados con el parásito Plasmodium. Muchos casos presentan síntomas leves, como fiebre, escalofríos y dolor de cabeza. Sin embargo, la infección puede causar síntomas más graves, entre ellos dificultad respiratoria, confusión, convulsiones e incluso la muerte. La malaria es una de las enfermedades más letales del mundo: cada año infecta a 282 millones de personas, causa 610,000 muertes y cuesta a las economías africanas 12,000 millones de dólares anuales.

La Organización Panamericana de la Salud lidera un esfuerzo de eliminación de la malaria en las Américas, región donde se registraron 536,700 casos y 136 muertes en 2024. Gracias a estos esfuerzos, El Salvador alcanzó el estatus libre de malaria en 2021, convirtiéndose en uno de los cinco únicos países de la región en lograrlo. Desde entonces, se detectan entre dos y tres casos importados al año en el país. Las estrategias de prevención en curso, que incluyen medidas de control vectorial y la detección temprana de casos sintomáticos, contribuyen a mantener ese logro.

*Plasmodium falciparum*, el parásito causante de la malaria, visible en el interior de glóbulos rojos infectados. Crédito: Shutterstock

Lo que ocurrió

En septiembre de 2025, 313 salvadoreños se preparaban para regresar a casa desde la República Democrática del Congo. Estos hombres habían trabajado en regiones endémicas de malaria, donde los escasos recursos sanitarios locales y el tratamiento preventivo irregular los dejaron expuestos a la infección. Aunque muchos permanecieron asintomáticos durante el trayecto, el grupo representaba una amenaza biológica concentrada: una gran población móvil que podría traer consigo el parásito de la malaria de vuelta a un país donde la enfermedad ya no era una gran preocupación.

Un ciudadano salvadoreño que regresa del Congo es examinado para detectar la malaria. Crédito: Resolve to Save Lives

César Velásquez Arteaga, del Ministerio de Salud de El Salvador, recibió los nombres y los datos de vuelo de los viajeros antes de su llegada. Con esa información, el Ministerio envió un equipo para examinarlos a su regreso. El 7 de septiembre llegó el primer grupo, y todos fueron sometidos a pruebas y aislamiento mientras esperaban los resultados de laboratorio. Ocho dieron positivo al llegar, mientras que el resto dio negativo y pudieron regresar a sus hogares. Conscientes de que la malaria podía manifestarse más tarde, las autoridades organizaron pruebas de seguimiento para quienes habían regresado a sus comunidades, y encontraron cinco casos adicionales, lo que despertó el temor de que la enfermedad pudiera reaparecer en estas zonas libres de malaria y poner en riesgo a las comunidades locales.

Tras este primer grupo, cientos de hombres continuaron llegando en distintos vuelos durante varias semanas, lo que aumentó la presión sobre las autoridades sanitarias y mantuvo latente la amenaza. A medida que el resto del grupo fue regresando, el número de casos llegó a 113, avivando el temor de que la enfermedad pudiera volver a establecerse en el país.

Un paciente se somete a un frotis sanguíneo grueso para detectar la malaria. Crédito: Resolve to Save Lives

La respuesta

Cronología

Objetivo: 7 días

< 1 día

Aparición
Detección

Objetivo: 1 día

1 día

Notificación

Objetivo: 7 días

1 día

Respuesta

Una estrategia de coordinación intersectorial ágil ayudó a contener los casos incluso antes de que los viajeros aterrizaran: «Ya contábamos con una estructura disponible y activa para responder», explicó el Dr. Velásquez Arteaga. Trabajando en conjunto con el Ministerio de Relaciones Exteriores, las autoridades de migración y las aerolíneas, el equipo del dr. Velásquez estaba preparado para detectar casos mediante pruebas al llegar, y luego a los siete, 14 y 21 días. La comunicación fluida entre el Ministerio de Salud, los establecimientos de salud y el personal sanitario a nivel local fue clave para articular una respuesta inicial en menos de 24 horas tras los primeros casos confirmados.

Esta coordinación se mantuvo mediante una rutina diaria rigurosa. Cada mañana, los líderes de salud pública de las cinco regiones del país se reunían para sesiones informativas, seguidas de sesiones nacionales por la tarde, donde un tablero de control geolocalizado en tiempo real hacía seguimiento de indicadores clave: casos, pruebas realizadas, administración de medicamentos y medidas locales de control vectorial.

Las autoridades sanitarias coordinan los esfuerzos de respuesta en todo el país. Crédito: Resolve to Save Lives

A medida que los hombres regresaban a sus hogares, los casos se extendieron a 13 de los 14 departamentos de El Salvador, lo que representó un importante cuello de botella logístico para la distribución de antipalúdicos. «En aquel momento, contábamos con escasos medicamentos, por lo que su transporte a cada localidad nos resultaba difícil; este cuello de botella ralentizó la administración de la medicación», señaló la Dra. Jaqueline Alvarado, del Ministerio de Salud Pública, quien también se desempeñó como consultora de la Organización Panamericana de la Salud con financiamiento de la Alianza 7-1-7.

El Ministerio tomó la decisión estratégica de aprovechar la geografía del país, centralizando la atención de malaria en un solo hospital situado en una zona de gran altitud, Dado que los vectores transmisores de malaria no pueden sobrevivir a esas elevaciones, esta medida garantizó que los pacientes recibieran un tratamiento supervisado y de calidad en una zona donde el riesgo de restablecer la transmisión local era prácticamente cero.

Sobre el terreno, los equipos de respuesta locales convirtieron cada caso en una zona de contención. Ante cada infección confirmada, las autoridades establecieron un «perímetro de control vectorial» de cinco kilómetros que incluía fumigación y distribución de mosquiteros tratados con insecticida. En un radio más reducido de uno a dos kilómetros, promotores comunitarios de salud realizaron vigilancia activa, examinando a toda la población dentro del perímetro para verificar que el parásito no se hubiera propagado de los viajeros a la comunidad.

Equipos de respuesta local fumigan viviendas dentro del perímetro de control de vectores. Crédito: Resolve to Save Lives

Por último, para gestionar el aumento repentino de casi 100,000 pruebas, el Ministerio reorganizó su infraestructura diagnóstica estableciendo un centro dedicado de recolección y análisis disponible las 24 horas, lo que permitió reducir un enorme rezago y garantizar diagnósticos oportunos en menos de 24 horas. Este laboratorio de funcionamiento continuo, combinado con el tratamiento obligatorio para toda persona que regresara a El Salvador desde la República Democrática del Congo, logró detener el brote.

Al concluir la respuesta, no se registró ni un solo caso secundario más allá de los 113 casos entre el grupo inicial de viajeros, y el brote fue contenido sin ninguna muerte reportada.

Facilitadores

Detección temprana mediante exámenes de salud y análisis de sangre

Laboratorio operativo las 24 horas para procesar el aumento de muestras.

Intervenciones de control de vectores en zonas residenciales

Las claves del éxito

La rapidez de la respuesta al brote de malaria no fue casualidad. Fue posible gracias a la capacitación nacional en torno al objetivo 7-1-7, que El Salvador había comenzado a implementar a principios de 2025. Pocos meses después, las autoridades elaboraron un procedimiento operativo estándar para que las instituciones pudieran alertar a las autoridades ante posibles amenazas sanitarias. Posteriormente, el Ministerio de Salud publicó una guía nacional que incorpora el objetivo 7-1-7 para la atención de eventos de salud pública, incluidas las epidemias — la primera de su tipo en las Américas.

«Parte de la guía para brotes contempla una evaluación temprana de acciones usando el objetivo 7-1-7. Ya está institucionalizado y estandarizado para cualquier tipo de respuesta a eventos», afirmó el Dr. Velásquez Arteaga. «Realizamos mesas intersectoriales de acción temprana. Aprendimos sobre la metodología y los procedimientos del objetivo 7-1-7, y trazamos los sistemas y flujos de información de las instituciones participantes.»

En abril de 2025, epidemiólogos de todo el país recibieron una orientación sobre el objetivo 7-1-7, con el apoyo del Ministerio de Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. En junio de 2025, los epidemiólogos comenzaron a aplicar el objetivo 7-1-7 a brotes anteriores para identificar cuellos de botella y factores facilitadores de una respuesta eficaz. Los epidemiólogos hospitalarios también recibieron capacitación a finales de junio y empezaron a aplicar el objetivo 7-1-7 a infecciones asociadas a la atención sanitaria.

«El Salvador fue pionero en proponer el uso de la metodología 7-1-7 para infecciones asociadas a la atención sanitaria», dijo la Dra. Ana María Barrientos Llovet, quien se desempeña como consultora de la Organización Panamericana de la Salud con financiamiento de la Alianza 7-1-7. La capacitación cruzada entre sectores también llevó a aplicar el objetivo 7-1-7 a brotes de enfermedades de transmisión zoonótica, así como a eventos de intoxicación y exposición química.

El objetivo 7-1-7 se aplicó desde que los primeros casos de malaria comenzaron a aparecer entre los viajeros que regresaban, y ayudó a las autoridades a identificar rápidamente el cuello de botella en la capacidad de laboratorio. Desde el brote, las autoridades de salud pública de El Salvador han implementado protocolos mejorados para evaluar el riesgo de malaria en viajeros, han ofrecido tratamiento preventivo a quienes se encontraban en riesgo y han desplegado pruebas rápidas de malaria en todo el país. Asimismo, trabajan con socios internacionales como el Fondo Pandémico para reforzar la capacidad de laboratorio y la disponibilidad nacional de antimaláricos, y para garantizar respuestas sólidas en fronteras y puntos de entrada que detengan futuros brotes en su origen.

En definitiva, la comunicación intersectorial sólida y la planificación previa de la respuesta a brotes — incluido el uso del objetivo 7-1-7 — permitieron contener rápidamente lo que podría haber sido un brote mucho más grave, con consecuencias serias para la población y para el estatus libre de malaria del país.

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